Hambre y sed de qué. Enfermo de qué o en cuál cárcel

En el Evangelio de San Mateo, capítulo 25, versículos del 31-40, Jesús habla de aquellos que tuvieron hambre, sed, que fueron forasteros, estuvieron desnudos, enfermos o en la cárcel. Y dice que todo aquel que dio de comer o beber, o alojamiento, que vistió o visitó a alguno, es bendito de su Padre, porque TODO lo que hicieron a uno de sus hermanos más humildes, por él lo hicieron.


Qué tan difícil puede ser dar un pedazo de pan, un vaso de agua o dar alojamiento por un par de días, regalar un par de zapatos o alguna ropa usada. Incluso ir a una clínica o a una cárcel a visitar alguno.


Pero qué tan fácil puede resultar el llevar la Palabra al hermano hambriento y sediento de Dios. Aquel que se siente un forastero en la iglesia. Aquel que está desnudo de fe, enfermo de amor o en la cárcel del pecado.


Ciertamente que las necesidades materiales son muchas pero mucho más lo son las del alma.

Jesús dice, en el Evangelio de San Juan Capítulo 6, versículo 35: "Yo soy el pan que da vida. El que viene a mí, nunca tendrá hambre; y el que cree en mí, nunca tendrá sed".

Proclamar y anunciar su Palabra acompañándola con obras de misericordia es lo que Jesús espera de cada uno de los bautizados.

Paz y Bien